jueves, 7 de abril de 2016

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PLATINUM END CAP 6 – CRITICA. Solo uno será Dios

La nueva colaboración de los mangakas Tsugumi Ohba y Takeshi Obata cierra su primer ciclo siguiendo todo lo que se conoció en su más grande trabajo, obviamente estoy hablando de Death Note. El capítulo raya en agilidad y la tensión es constante lo que ayuda a la lectura de más de 60 páginas. Precedido por los hechos de los dos capítulos anteriores, esta vez sigue notándose varios de los gustos tópicos de los mangakas, comenzando por el endiosamiento a la figura del justiciero anónimo, siempre desvelar los misterios según las circunstancias más drásticas y, por supuesto ir, conociendo las infaltables reglas y límites de los poderes divinos de cada candidato junto con los giros y manipulaciones típicos de un ser a otro nivel de inteligencia y maldad. Mientras, vemos “caer” rivales que son usados como carnada, tan típicos de un Light Yagami como que en Death Note era el pretexto perfecto para sacar lo peor de un ser humano, aquí el camino es mas o menos el mismo.

El villano absoluto pone a prueba los límites por alcanzar su objetivo, factor clave en todas las colaboraciones de los dos  mangakas. Esta vez ya no hay un shinigami que observe sino un ángel que viene al rescate y aquí vemos una diferencia entre lo que fue Death Note y su actual trabajo, y es que el Ryuk de Death Note nunca dejo de ser el espectador de lujo que se divertía mientras “L” y Light se retaban al incansable juego del gato y el ratón; mientras que a diferencia, Nasse  tiene un sentido de la responsabilidad más ligado a hacer feliz a su “candidato”, eso si el grado de egoísmo es más o menos comparable, lo malo sigue siendo que todavía el protagonista se debate entre lo que es la felicidad y se conflictua solo, peor aún después del desenlace de su primer enfrentamiento con Metropolitaman que termina por atormentarlo aún más por su apatía a la hora de entrar en acción. Al protagonista del manga le falta esa decisión de actuar porque tanta pregunta a su “yo” mismo, así como el recuerdo de la figura paterna y de los valores enseñados, lo alejan totalmente de la personalidad narcisista de un Light Yagami, pero también lo convierten en un personaje dudoso y temeroso de actuar.

Lo mejor del capítulo ha sido el momento en donde las situaciones están al límite, aquí se aprovecha para ver las conjeturas de una persona inteligente, pero cagada de miedo, cuando va listando sus posibilidades y las consecuencias de las mismas entendemos que los mangakas hasta cierto punto juegan con ellos mismos, con el sentido de la justicia “infantil” de los héroes y que nadie es completamente bueno ni malo, solo fijémonos en esa conversación entre Nasse y Metropolitaman, cuando ella lo encara y pareciera que hay hasta cierta complicidad con sus actos, la clave de esa conversación no está en la amenaza disfrazada de advertencia sino en cuando ella se refiere a que no importa nadie más que su candidato; ahí te das cuenta que en las obras de estos señores no hay términos medios, y lo favorable es que, al estar en una revista más adulta, no hay problemas a la hora de matar, incluso si son inocentes niñas.


Por otro lado hay que criticar que los mangakas se inclinan, hasta ahora, en convencer de que sus candidatos a Dios forzosamente serán seres con carencias afectivas y/o emocionales, falta ver si encontramos a alguien que pueda, por lo menos, encontrar divertido tener alas sin que necesariamente lo use para su beneficio propio. Otra crítica vendría a ser que el personaje de Saki no termina de convencerme, pensé que tendría una voluntad distinta en como se le vio actuar en el primer encuentro, pero tiene un rollete tanto en el dibujo como en personalidad de chica frágil y la relación con su ángel  es muy parecida a la de Misa con Rem, pero sin contar con la “simpatía estúpida” de Misa- misa, como si siempre rondara en el aire una especie de amor platónico. Saki, tiene la dificultad de ser un personaje que necesita la protección y su ángel no ayuda en nada a hacerlo más competitivo, para Mirai se convierte en un obstáculo más al crear una relación amorosa entre ellos dos.

Por lo demás, el capítulo seis termina por convencerme que con Platinum End los mangakas no quieren repetir el enfrentamiento entre dos personajes grises e hiperinteligentes, sino que esta vez estamos ante uno completamente negro como Metropolitaman mientras que Mirai necesita convencerse así mismo de que es el heroe, el personaje blanco. Por eso la necesidad de ir conociendo a más candidatos, y es que con un protagonista que se limita, y no quiere ni odiar ni matar, la acción tiene que venir por otro lado, pero al final no importan si esos candidatos terminan siendo aliados o rivales, la consigna está en que Mirai se termine fortaleciendo para ser el héroe de la historia. Porque solo uno terminara siendo Dios, la felicidad viene después.

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