sábado, 8 de octubre de 2016

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La peli de hoy (27): “La peor de mis bodas”. Tan mala como una telenovela

La telenovela es el género de la farsa, de la parodia melodramática, que la televisión acoge diariamente en cada repetición de “María la del barrio” o en los nuevos culebrones turcos que han arrinconado a los mexicanos y brasileños, reyes del género, del horario prime de la televisión local. En ese mismos sentido, La peor de mis bodas es una película de noventa minutos que compite con cualquier capítulo de telenovela, solo que es más largo y aburrido, se esfuerza en la sobreactuación, en el guion improvisado, en el debut de ciertas figurillas con talento cuestionado, y un par de cameos faranduleros, con escenografía que no es más que cartón frió e inflamable, misma telenovela. Dirigida por Adolfo Aguilar, hace su debut en una historia que a partes es comedia de situación local, pero que solo funciona desde el plano de la comedia romántica al uso, la que no trasciende más allá del cuento de hadas, a pesar de que es el género melodramático con el que pareciera querer empatizar la película no goza de un dinamismo en su grupo actoral, ni corre con la fortuna de crear una situación “extremadamente” surrealista de la que las propias telenovelas mexicanas nos tienen acostumbrados. Más bien se conforma en poner un enfoque metatelevisivo en donde los personajes de su película se van enganchando a cierta telenovela que ven, de aquí el gag cómico de los personajes sobre actuados, donde una villana representada por Alexandra Graña desprende cierto humor, especialmente, en su intento de romper (la doble) pared. Pero la deficiencia del guion, lleva a la película a una pobreza de realización muy coherente al cine local de la actualidad. Al menos las producciones de Tondero de este año (“Locos de amor”, “Margarita”) desprenden cierto despliegue técnico en cambio aquí se nota grabada en la casa del director. Es una película echa al porrazo, sin la pizca de creatividad, aburrida, no se nota la dirección, con personaje de "Al fondo hay sitio" como el mayordomo (in)oportuno o la vieja pituca, el humor tiende a estereotipar al “gay charapa” o la mujer calabaza. La peor de mis bodas es tan mala como la peor de las telenovelas.