viernes, 1 de julio de 2016

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Ano Hi Mita Hana no Namae o Bokutachi wa Mada Shiranai (A- 1 PICTURES 2011) – CRITICA. Maldita añoranza

Ano Hi Mita Hana no Namae o Bokutachi wa Mada Shiranai ó sencillamente AnoHana para aquellos que no quieran morderse la lengua con semejante trabalenguas de título es un anime que perteneció al bloque Noitamina, por lo tal presumimos la “calidad”  con la que está hecha. El slice of life traspira desde los primeros segundos, mientras que maquilla el sufrimiento de los personajes en una búsqueda de identidad prolongada a un deseo de un ente cuyos comportamientos dejan mucho que pensar. El chiste de AnoHana es que el fantasma de Menma, cuyo estado fantasmagórico sospechosamente no evita situaciones como las de sobajearse con la entrepierna del protagonista, anda perdida en un mundo al cual no pertenece; siendo el camino para que su alma descase en paz una búsqueda que va más allá del mero deseo de prender fuegos artificiales sino que encuentra un pretexto para que ese grupo de niños hagan terapia grupal y cuyos sentimientos arranquen más de una lagrimilla a la hora de manifestarse. Por lo tanto no podemos juzgar al arquetipo de protagonistas cuya muerte familiar ligue más de lo necesario al fantasma, ni los celos que generan en un pedante rival con tendencias travestidas. Lo mismo podemos decir de un par de señoritas, estereotipos de nerd con lentes y chica minifaldera, que mueren por ser observadas por los hombres alfa del grupo. El anime parte más de lo nostálgico que de lo práctico, se encasilla en el sufrimiento de los demás, de la desgana de la vida y las consecuencias son manifestaciones casi forzadas (y porque no efectivas) de una misión que puede ser kawai a la hora de verse pero que también resulta patética más cuando comprender que la vida no puede ser tan complicada con o sin fantasma de por medio. Sobretodo con la falta de empatia por un hikikomori antipatico o una madre con tendencias psicopaticas sumida en el rencor todo encerrado en la metafórica recursividad de la niña atrapada en el tiempo como es Menma cuya ironia es que ese grupo niños con los que jugaba a crecido y encerrado en sus propios traumas. Al final es un cuento triste, poco maduro, estereotipado, slice of life cebollero, cuyos fuegos artificiales no encienden la llama de mis ánimos sino más bien explotan mi paciencia por no ser parte de la tristeza (que ellos parecieran disfrutar). De mas hablar de la animación típica de A- 1 Pictures  que no evita su acostumbrado diseño de ojos llorosos ¿Lo mejor? Umh… me quedo con el ending.