sábado, 17 de diciembre de 2016

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SHIGATSU WA KIMI NO USO (A- 1 Pictures 2014) - CRITICA. Sobre una madre monstruo y un chico que quiere volver a tocar el piano

Como ya estoy por cerrar año estoy revisando algunos de esos animes que se quedan durmiendo en el disco duro, de esos que escuchas, lees o te encuentras ''de casualidad'' mencionado en algún blog que sigues y te los terminas bajando para terminar en estado ''stand by'' porque no te puedes  ver todos los animes que quisieras, porque cada vez se estrenan más o porque estás viendo, por tercera vez, High school ofthe dead. Si le di doble clic al primer capítulo del anime es porque en teoría era un anime shoujo, pero... ¡sorpresa, sorpresa! es un anime con matices musicales... y no tan musicales. Para primera señal es un anime de A-1 Pictures que es un estudio de animación que no tendrá esa ''estética'' tipo Kyoto Animation (cero tetas), pero que por lo general está por encima del promedio (y si pongo a pensar he visto mas animes de este estudio que de otras grandes como MadHouse o Bones). Sus diseños están mejor en personajes que en fondos y formas. Aunque usa cuadros repetidos para generar movimiento en más de un escena. Tira del típico humor random que interrumpe para que la escena no sea demasiado cargante (ese que un personaje te agarra a cabezazos de imprevisto o te tira lo primero que encuentra), y el primer capítulo tiene un par de momentos maravillosos (al inicio y el primer encuentro de los protagonistas) donde los fondos son preciosos, incluido la (cliché) caída de pétalos de flores de cerezo. Las mejores escenas son las más visuales y aquellas que te meten de lleno al cansancio físico del protagonista (aquí sudan más que si hubieran jugado una pichanga de media hora). Si hay mérito es la retrospectiva que tienen los personajes consigo mismos. Aunque los flashbacks es un recurso, hay un par de capítulos que se usan como capítulos autoconclusivos para cerrar el círculo, y ayudan a ver el anime de una manera más anecdótica tipo comienzo un capitulo viendo a Arima siendo cargado de niño por Tsubaki, y al final del capítulo el termina cargándola a ella cuando se lastima el tobillo, o en otro capítulo trata sobre un salto y cosas de ese tipo. Y claro usa el facto “kawai” a la hora de mostrarnos breves momentos de la niñez de los personajes. Entiendes el compromiso por la musica y la expresion de los sentimientos, pero lo de los colores se me hace ñoño; mientras que, todo lo correspondiente al movimiento, los primeros planos de los dedos o el diseño de la arquitectura del piano estan lo mejor logrados posibles. En conclusión seria la de una historia llena de clichés de varios géneros mas momentos musicales con piano y violín.


Por lo que he llegado a ver es un anime que por momentos se acerca al shonen y por otros se queda en un intento de shoujo (las flores de cerezo, por ejemplo); claro que lo mas fácil es meterlo al saco de slice of life y nos evitamos problemas. Si hay algo que me cuesta del anime es lo que en teoría lo hace particular, como es la música clásica con la que lleva el leitmotiv de los personajes centrales y la propia historia. Y es que yo, un ser un humano de a pie, en mi puta vida he pisado un teatro y menos para ir a un concierto de opera o música clásica (así de ignorante soy, sorry). Es por eso que como estudiante que prendía la radio y escuchaba full perreo, o ahora como aficionado a la cultura popular japonesa mi playlist está llena de opening y ending de series anime, pero de Beethoven, Chopin y compañía naca la pirinaca. En ese sentido el anime no me genera la mayor emoción a nivel musical. Lo que si tiene a su favor es el hueco dramático de la historia, y de aquellos conflictos traumáticos del protagonista con su niñez a niveles casi psiquiátricos, aunque si diferenciáramos de, por ejemplo, un AnoHana, no ves la terapia psicológica o al menos no es tan depresiva como ese puto anime.

Pero antes de entrar en el meollo de porque recomendaría este anime, hay que mencionar ciertos puntos como ese cuarteto estereotípico que comparte la dinámica como tantas veces nos venden los animes de este tipo. Lo más rescatable es que dentro del anime los personajes centrales, Arima y Kaori, siempre son los protagonistas mientras que los secundarios se quedan en eso, son más un ''soporte''; en el caso de Tsubaki, es la eterna amiga de la infancia de Arima; mientras que, Ryota, es el ''bacancito'' que nunca falta. No se puede dejar de mencionar que los cuatro son buenos en cada actividad que practican; Arima y Kaori, lo son en la música; Tsubaki y Ryota, en los deportes. Para no salirse del molde el anime usa clichés del tipo “mi mejor amiga está enamorada de mí, pero no me lo dice y/o yo no me doy cuenta”, o “A la chica que me gusta, le gusta mi otro amigo”, en fin es la parte más shojo del anime donde los sonrojos o los guiños a los celos aparecen. Lo más curioso es que para tratarse de un anime ''sensible'' su temática por momentos se vuelve más shonen cuando aparecen dos rivales y las competencias de música. Pero el tono que alcanza por momentos es mucho más adulto, especialmente, cuando el fantasma de la madre (sin ojos) atormenta al protagonista. Aquí el anime llega a unos puntos de estrés asfixiantes. Si bien es cierto no será la primera, y última vez, que un anime use el trauma psicológico en su protagonista como hilo conductor de la historia, me parece que en Shigatsu se ve menos forzado e incluso es más realista a lo que encierra el mundo de la música. Porque así de duro te imaginas el mundo de los niños talento, ¿que no juegan como los demás niños?. En ese sentido los mejores momentos de la primera parte no son los musicales, sino aquellos que se interrumpen porque de un momento a otro el protagonista se queda “sordo”. Entonces la primera parte trata de superación personal (como tantos shonens) y se refleja en esa comparación con la música que hace Tsubaki, una rebelde que no sigue las reglas de una música tan convencional y toca con el mismo espíritu de una rockera contra la música que le enseño su madre: A nunca salirse de la partitura.

Cuando llegues al capítulo trece, el anime cierra su primer arco de una manera convencional, dejando atrás el trauma maternal y con el protagonista más decidido a volver a tocar el piano. Por medio una escena lacrimógena. Lo que ves al final del capítulo es el inicio de un nuevo drama que, quizás, sea más trágico de lo necesario. Porque al parecer en este anime si el protagonista no ve morir a personas queridas no puede tocar el piano ¿en serio?.



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