lunes, 3 de octubre de 2016

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La peli de hoy (26): “El Incidente”. Psicodelia mexicana

[Spoilers con agua embotellada]

Es Octubre, y la mayoría de canales de cable están en un festín de películas de terror, suspenso, gore, entre muchas otras bizarradas mas, en conmemoración del Halloween (por sea caso no olviden que el 31 es el día de la canción criolla). No soy muy apegado al género, aunque en los últimos meses la mayoría de las pelis de hoy han sido pequeñas opiniones de este tipo de películas, cuyos sustos digitales cada vez me son más gratos; porque decir que no sí, sí, como diría la chimoltrufia. Ahora, en uno de esos momentos nocturnos en donde no puedes pegar los ojos por razones “x” comencé hacer zapping y me encontré una de las películas mexicanas más mentadas por los podcasters de dicho país. Curiosidad aparte, también estaban emitiendo las dos primeras películas de la trilogía “Evil Dead” más una película de cierta violación extrema para cuyos miembros será el último recuerdo de su “miembro”. Pero al final termine viendo la mexicana, y con unos ojos rojos, que seguramente traerá más problemas a mi conjuntivitis (y eso que apenas voy por los veinticinco). Entonces, en medio de un pequeño sueño, un asalto a la refri, me pongo a redactar la crítica cuando me doy cuenta que otra vez me encuentro viendo la película, sin entender porque, pasan las mismas horas, vuelvo a dormir, despierto, camino al frigider, y, ¿otra vez?, vuelvo a ver la película. Me doy cuenta más tarde cuando después de repetir el bucle una infinidad de veces, e inexplicablemente salirme barba y volverme una maceta de músculos que asustaría a más de un chico realitie, que estoy atrapado en una especie de realidad alterna cuyo espacio temporal se ha congelado. Afortunadamente el refri nunca se vacía, y puedo consumir litros de agua embotellada para uso personal. A propósito de esta experiencia, que más adelante explicare como salí, es de lo que habla “El Incidente”, y lo más importante: Nada es lo que parece.




Quienes están detrás de la idea deben haber mamado de películas de suspenso clásico. Tanto así que el leitmotiv se deja llevar para que lo que estamos viendo sea una constante ola de desesperación ante un circulo de posibilidades únicas y repetitivas. Es el punto muerto lo que asusta al espectador, no la acción en sí misma, en una situación donde ciertas escaleras de escape, limitadas por los pisos del edificio, se ponen al mismo nivel de un plano mucho más abierto en una carretera a la ciudad. El sentido y manejo de terror contrapone las dos caras de la moneda y las balancea en aquellas situaciones clichés donde la claustrofobia de un espacio cerrado o la sobrevivencia a campo abierto casi siempre llevan al mismo punto: la muerte. Contraponiendo esta realidad del cine actual, lo que estamos viendo es como el juego del tiempo sirve para graficar visualmente el envejecimiento corporal, en situaciones dispares. Es la musicalización lo que marca el verdadero ritmo de la película, sin objetar mayor despiste que tomas continuas en el mismo espacio físico. La psicología de la película va más allá, cuando retrata comportamientos in extremis como defecar así como esa pared vuelta una capillla sixtina, en un acto completo de involución humana. Y, curiosamente, como broma sarcástica, es el espacio cerrado el que mejor vemos “humanamente” organizado. Mientras que en la carretera apesta a muerte, entre basura y moscas.

Para entender mejor la película, tendríamos que adentrarnos en el mundo virtual/irreal/atemporal de los espacios físicos. Los planos de la película ayudan a que esa convivencia se explique mejor a partir de lo visual más que de los propios diálogos. Mismo diálogos cuyos matices son dispares a los coloquios mexicanos. Otro aspecto, igual de mexicano, es el culto a la santa muerte que por ahí aparecería sin más sentido que el de la perdida afectiva. Pero, quiero creer, que en verdad tiene un significado de fe, como aquel santuario, cuyo Dios es un esqueleto humano, que veneran los dos inquilinos en las escaleras. La santificación por otro lado se conjuga con el efecto alucinógeno al que se hace mención. El primer escenario es el de una persecución a dos jóvenes que suponemos están involucrados con la drogas, la mención a una madre, la esposa, y finalmente el incidente, son los actos “escalonados” que se detonan en una explosión a las afueras del edificio. En esta situación encontramos las primeras claves de que algo extraño está pasando, una caída libre, con retorno verticalmente opuesto de un juego de llaves, es más que suficiente para entender la idea general de la película: Han quedado atrapados, en el espacio y en el tiempo.

El otro escenario de la película se torna más predecible, sabiendo el espectador que ese viaje familiar será en verdad otro punto muerto y que esa carretera funcionara de igual manera. Aquí podemos mencionar el recurso cinemático que le da el auto a la escena cuando vemos el bucle marcado por el letrero y la gasolinera. La toma abierta es aprovechada mejor con la música de fondo al mejor estilo Hitchcock. Aquí también se nota las deficiencias de guion, mientras que el histrionismo de Nailea Norvid es simplemente de telenovela. A pesar de eso, la intriga de la película no se corta sino que aumenta en el gran y verdadero giro de la historia: de un momento a otro, han pasado treinta y cinco años.



El hilo conductor de la película cae un formulismo atípico a todo lo que podríamos haber visto o creído estar viendo. Son los márgenes de la realidad y ese paralelismo, o no, entre las dos situaciones lo que el director plantea como una ruleta donde todo vuelve a su mismo punto. Lo macabro de la película es el hecho de la pérdida del deseo de vida de la vejez, aquel que se cansa de la comida o incluso del sexo. Y esa metáfora al recuerdo del nombre es la solución práctica a la propia muerte. El elemento sobrenatural aparece de la nada, y deja libre la decisión de escapar o quedarse atrapado en la eternidad. Al final todo termina en círculo, repitiéndose un incidente, aquel que entendemos será un bucle infinito provocado por una misma persona.

Es la repetición el mismo concepto de la materia orgánica, aquel que nos dice que no se crea ni se destruye, solamente se transforma. En “El Incidente” pasa lo mismo, el hombre atrapado toma varias personalidades en un momento que queda a la interpretación del espectador, no se sabe si realmente todo lo que hemos estado viendo son realidades alternas de vidas distintas, o si en realidad son vidas únicas en un mismo instante, aquel que comienza con algún incidente. 


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