sábado, 10 de septiembre de 2016

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DRAGON BALL SUPER – CRITICA. ¡Me canse! Así que bye, bye, Goku, y tus pelucas de colores

Tonta, absurda, mal animada, totalmente infantil, cada vez me desespera más… ¿Cuándo empieza lo bueno en “Dragon Ball Super”?, o, ¿Ya estamos viendo lo mejor? ¿En serio?, y si es así, ¿Por qué sigo sin emocionarme? ¿Estaré perdiendo mí tiempo? ¿Será “Dragon Ball Super” una verdadera, y única, pérdida de tiempo? ¿Seré el único que lo piensa? ¿Seré el único que lo escriba?... Son cincuenta y siete capítulos emitidos hasta la fecha, los arcos de la serie no abarcan más que dos prolongaciones de las películas previas ("La resurreccion de F" y "La batalla de los Dioses") y recién ahí conocimos un nuevo arco ¿original? que tenía como centro un torneo galáctico… perdón, un torneo de artes marciales interuniverso. En su intento de plantear un nuevo universo la serie alucina con prolongar más las dimensiones cósmicas (como la propia, y criticada por muchos, Dragon Ball GT), solo así, el sinsentido del multiverso dragonbolero trata de hacerse más interesante a pesar de que todo partió de una insignificante disputa culinaria terrestre. El gag cómico de los dioses destructores es tan absurdo como el nivel irrisorio de “power up” que estamos conociendo. No solo eso, sino que se sacaron un “dragon” de la manga, al hacernos creer que existen unas super esferas cuyo monstruo amarillo es una cachetada a todos aquellos que alucinamos cada vez que veíamos salir a Shen long. Entonces Dragon Ball Super se convirtió desde el inicio en víctima de sus propios despropósitos, cada vez entra en unos terrenos inconsecuentes, quiere ser nostálgico y apela a no perder la identidad del manga creado por Toriyama. El problema en general es que la serie no quiere ser adulta, confunde el humor con el infantilismo. Todos los personajes entran en la maroma de la ridiculez, ni que decir de Pilaf y compañía que solo estorban, y es el relleno de la serie lo que desespera más. Tanto la trama del torneo de los Dioses como el propio arco del regreso de Trunks impacienta porque lo único que hacen es repetir una sola escena: Goku, gritando, y cambiando de color de peluca.  

Ya adelantándome el multiverso dragonbolero creado en la serie ha introducido un par de personajes centrales que aspiran al mayor clímax del nuevo anime: el super torneo de artes marciales. En su demacrada presentación conocimos al omnipotente Zeno- sama como ser superior, incluso, entre aquellos que dicen llamarse dioses destructores. Entendamos, ¿otra vez?, el carácter infantil de aquel que tiene el poder de destruirlo todo y al cual su sola mención genera más temblores que el propio lord Voldemort de “Harry Potter”. Así como su falta de amigos, que llevara a son Goku a ser el único que pueda tomarle la mano sin que los demás no revienten de histeria. Es justo llegado este torneo donde comienza hacerse más notorio el efecto Pokemon del anime, como les pasó a las dudosas Saint Seiya Omega y Saint Seiya Gold, en cuanto a diseño de personajes. Hasta que llegamos al arco actual, con un Trunks semi protagonista que cual John Connor se ha convertido en una especie de héroe de resistencia ante la presencia de un villano que, ¡oh sorpresa!, tiene el rostro de nuestro héroe dragonbolero. Otro artificio de la saga, permitida porque supuestamente en cada universo (de siete en total) existen los mismos planetas, y por consecuencia, los mismos personajes. Tomada la idea de crisis en tierras infinitas el dopelganger del futuro, conocido como "Goku Black", es un ser cuyo misterio básico esta en resolver el enigma de quien es en realidad. Que inmediatamente dinamitó el internet con teorías. El viaje de Trunks al presente no aportado mayor cosa más que los sonrojos de la pequeña Mai, el fastidio antipático de Gohan por las peleas y un momento feeling entre padre e hijo a punta de golpes. O como mejor podría explicarlo: Un bodrio sin pies ni cabeza, que para diferenciarlo mejor ahora también tiene su peluca de color rosa. ¡Que mierda!




Aun así el futuro, por enésima vez apocalíptico, ha creado una disputa más filosófica de lo esperado (y quizás innecesaria) en cuento conocemos a un par de Kaioshin de no sé qué lado del universo. Zamas es el personaje cargante de diálogos grandilocuentes que ve con ojos de superioridad a la raza humana. En su filosofía, que a la par de su rutina de servir una taza de café cual doña Florinda, se encuentra encerrada una ambición que puede recordar a los primeros arcos de la Dragon Ball Z y al temible Freazer. La discriminación de la raza superior por la inferior y ese temor por la superación convertida ante sus ojos en barbarie a través del tiempo como se le enseño el viejo Kaioshin, y trazar entonces un paralelismo en como en un principio se estigmatizo a la propia raza guerrera de los saiyayin. Otra vez poniéndonos en situación coincidente con la venganza de los Tsufuruyin y Baby, de la resistida GT. Resulta curioso que a pesar de que la idea en si no va a ningún lado, más que confundir al espectador, todavía podemos encontrar una muestra de que la serie supuestamente infantil logre una sustancia intelectual que no es precisamente fácil de explicar. Lamentablemente, todo el diálogo y corrupción mental en el cuerpo de Zamas se pierde con la verborrea más elemental y peor animación del ultimo capitulo. Mismo que estalla en una batalla regularmente lograda cuyo liquido elemental (sangre) es escaso por no decir nulo (¿Acaso lo niños ponjas de la actualidad no sangran?); en donde se ve una maniobra extraña de los guionistas por unir el destino del villano superficial de turno y el del propio Zamas. La explicación final no se da en la propia batalla sino que sigue estirando el chicle dejándonos con la incógnita del porque Zamas es inmortal (recurso ultimo y bastardo de la serie). La respuesta para el espectador es más que obvia pero dentro de ella misma seguiremos viendo un interludio de rellenos a lo cual nuestros protagonistas, previamente masacrados, tendrán tiempo de sobra para recuperarse y seguramente ponerse otra peluca de color. ¡Un coas temporal de principio a fin!

Pero conmigo ya no es, terminaron de dinamitar mi paciencia. No encuentro oportuno perder 20 minutos, y algo mas, en un anime desfasado y sin sentido. La nostalgia de las primeras reseñas (cap 14DRAGON BALL SUPER - CRITICA RESEÑA. La nostalgia obliga), a eso que todo fan noventero apelaba tratando de justificar este bodrio no es recurso suficiente para seguir enterqueciendo, y sufriendo, con este mal anime. Son 57 capítulos, con el próximo a salir, del cual no me interesa y sencillamente te digo: ¡Me canse! Así que bye, bye Goku y tus pelucas de colores.

  

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