viernes, 18 de enero de 2013

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Libro 6: "BEN HUR" de Lewis Wallace


¡Impuras! ¡Impuras! – sonaba la voz desde el rincón, lenta, temblorosa, como un gemido de agonía.
Cumplía así su deber en el momento de la libertad, que ellas habían soñado tantas veces y por la que día a día habían rogado.

Tirzah y ella eran… ¡leprosas!

Quizá el lector desconozca el horrible significado de esta palabra en toda su gravedad. La ley de aquel tiempo que solamente se ha modificado un poco en el nuestro dice:
“estos  cuatro deben contarse entre los muertos: el ciego, el leproso, el pobre y el que no tiene hijos”. Así  lo establece el Talmud.

Ser leproso equivalía a estar muerto, a ser excluido de la sociedad como su cuerpo pútrido. Aquellos que más les aman no se atreven a hablarles sino a distancia; los derechos de que gozan los demás no existen para ellos; el templo y las sinagogas les niegan sus ritos y les cierran sus puertas; van cubiertos de andrajos, con la boca tapada, a menos que tengan que gritar ¡Impuro! ¡Impuro!...

Libro VI, capitulo II, pagina 404.